Trailer(s): LA PRÓFUGA DESDICHADA (Libro III)

sábado, 7 de marzo de 2009

LPD

NAINFITA PEINES Y LA PROFUGA DESDICHADA.

CAP 7.El hallazgo de Karkas.


El verano iba pasando en SppecialKa Ville, la residencia de Camelia Sangronia. Nainfita Peines se sentía genial, estaba aprendiendo hechizos, practicando, y aunque era menor de edad para prácticarlos en zona muggle, Camelia tenía la aprobación del Ministro y no recibiría ninguna penalización. Aparte, Nainfita estaba con dos chicos, los dos prefectos de Hufflepuff: Karkas y Anselmus, y eso le encantaba porque seguía creyendo que los dos estaban perdidamente enamorados de ella. Y logicamente, y viniendo de ella, se hacía lo hacía saber a Chewba K y a Dayana Uve por carta, aunque nunca les escribía "os echo de menos" y obviamente, quería que se murieran de envidia, de ahí que cuando Karkas sugirió a Camelia Sangronia que ellas dos tambien vinieran, Nainfita se negara en rotundo. Al fin y al cabo Nainfita era sincera en sus cartas, nunca pondría que las echa de menos si solo pensaba en sí misma.

Agosto acababa de llegar a SpeccialKa Ville, y Camelia paseaba por sus hermosos jardines (usurpados a unos magos injustamente por el Ministerio de Magia) con Karkas y Anselmus:

-Está haciendo grandes progresos-comentaba Camelia sobre Nainfita.
-¿Pero qué le está enseñando exactamente?-preguntó Karkas.
-Las maldiciones imperdonables, por supuesto-dijo Anselmus mientras Camelia sonreía malévolamente.

-Es solo una niña...
-Pero nunca viene mal estar preparada por si acecha el enemigo-cortó Camelia.
-¿Qué enemigo?-preguntaba curioso Karkas. El pobre prefecto no estaba tanto al día de los planes de Camelia, a diferencia de Anselmus, que era su mano derecha. Logicamente, Camelia decidió incluirlo como complice de sus fechorias porque un aliado mas supone mas ayuda.

-Karkas, ya te explicaré en otro momento todo lo que tienes que saber, pero aún es pronto.

-Anselmus, no te hagas el interesante. Estoy con vosotros, y me fastidia que no me conteis nada, parece que desconfiaras de mi.

-Karkas, en los tiempos que corren uno nunca sabe quien es amigo y quien enemigo-interrumpió Camelia Sangronia en la conversación de los prefectos.

-Pero excelencia, si Nainfita hace maldiciones imperdonables serán detectadas por el Ministerio de Magia y la juzgarán por ello.

Anselmus y Camelia rieron de buena gana ante el desconcierto de Karkas.

-El Ministro nunca dirá nada.

-Pero aun asi es ilegal, no está permitido.

-Karkas, querido, la maldición imperius hace maravillas-rió Camelia.
-Pero pueden mandar la carta... sin que lo sepa el Ministro.
-Karkas, no te preocupes, tengo a alguien que intercepta todas las cartas que salen del Ministerio e incluso a otros que se inventan cosas para perjudicar a quien me conviene. Si una carta fuera a perjudicar a Nainfita, sería totalmente destruida.

Karkas estaba sorprendido del poder de Camelia Sangronia en el Ministerio. Si alguien sacaba eso a la luz iría directamente a Azkaban sin previo juicio.

-Karkas, ¿es que dudas de tu lealtad?-preguntó Camelia como si le leyera el pensamiento.

-No, excelencia, estoy con usted, siempre lo he estado y siempre lo estaré.

-Así me gusta, Karkas, y ahora si no te importa, ve a mi despacho-ordenó dandole un manojo de llaves y sosteniendo una-. Esta es la que abre el primer cajón de mi despacho. Y traeme mi pluma de cuervo, un sobre, un par de folios y el tintero.

Anselmus gruñó de mala gana ante la pereza de Camelia Sangronia.

-¿Aqui es que tambien guarda todo bajo llave?-preguntó Anselmus.
-Nunca se está a salvo de nada, mujer prevenida vale por dos-rió Camelia-. Y tu no me mires así, se me ha muerto el elfo de la casa esta mañana y el resto los tengo en otros quehaceres. Me tocará buscar a otro. ¡Qué criaturas más absurdas y lo utiles que son cuando hacen lo que tienen que hacer!

-Servirle-contestó Anselmus mientras reía con Camelia a carcajada limpia.

Karkas obedeció a Camelia y penetró en la mansión. Esa mansión pertenecía a una honrada familia de magos y a cuya hija le tenía envidia Camelia. Cuando se quedó huerfana tras ordenar matar a sus padres a un sicario, Camelia hizo lo que venía esperando desde hacía tiempo: acusarla de tráfico ilegal de artilugios de artes oscuras. Para ello había colocado dicho material en el sótano, en el que fue descubierto por una inspección y que la pobre chica negaba que nunca los había visto en su vida, quedándose asombrada tanto o mas como los inspectores. La chica fue mandada a Azkaban y Camelia Sangronia no tardó ni un mes en dejar su humilde casa para trasladarse ahi. Nadie sabía que Camelia procedía de una familia humilde, y lógicamente, quien osara a recordar o insinuar sus orígenes no se libraría de recibir su castigo: ya fuera un Avada Kedavra o una condena a Azkaban.


Karkas notó que la mansión estaba impoluta, los pocos elfos que trabajaban alli, lo hacían de sol a sol, y mas que sirvientes, eran propiamente esclavos a las órdenes y caprichos de Camelia Sangronia. De ahi que cuando se marchara de viaje tras asegurarse que todo estaba bajo llave, todos suspiraban aliviados pero podían ralentizar el ritmo de su trabajo, puesto que si llegaba de improviso y veía alguna falta, el castigo del culpable no se podría jamás explicar con palabras.


El prefecto subió las escaleras y tras flanquear una estatua de mármol, abrió la puerta del despacho que no estaba cerrada y se dirigió a la mesa para ejecutar la orden que se le había sido encomendada. Una vez que tuvo todo, a duras penas lo cargó entre sus manos y contempló un cuadro de una mujer bastante fea. Se acercó mas para ver más de cerca el estilo artístico de esa mujer que no era en absoluto Camelia Sangronia, y notó que el cuadro estaba torcido. Dejó todo sobre una silla para colocarlo bien, por si había sido él sin darse cuenta el culpable y para evitar el sermón que Camelia no tardaría en soltarle. Sin embargo, al colocarlo notó que estaba hueco por detrás y tocó a tientas hasta que tuvo en sus manos lo que parecía un libro, aunque comprobó después que era una especie de diario personal.

Diario de Pastora Peines.

Leyó y se dio cuenta de que esa mujer debería ser familiar de Nainfita o quizá su madre. Y su curiosidad le ordenó llevarselo. No obstante fue cauto y pensó en las consecuencias de que Camelia se enterara: él no quería ir a Azkaban, ni morir por un Avada Kedavra, su seguridad estaba en juego, aunque el cargo de prefecto por el que tanto había luchado (por méritos poco honrados, además) no iba a perderlo. Su curiosidad aumentó y decidió deternerse un momento. Agitó su varita y se puso a fotocopiar página a página su contenido y en menos de cinco minutos, tenia encuadernado y fotocopiado el diario. Colocó el original en su sitio, de la misma manera que lo encontró y borró sus huellas con un hechizo. A continuación cogió lo exigido por Camelia y la copia que había elaborado del diario y la dejó en su cuarto debajo del colchón, el cual levantó con un Levicorpus. Ahi estaría escondido y a salvo.

Karkas salió rapidamente a los jardines a reunirse con Camelia y Anselmus, que parecía no haberse percatado de su retraso y se sentaron en una mesa al aire libre. Mientras Camelia tomaba todo sin haber dado un previo "Gracias", Karkas decidió empezar a leer cuanto antes aquella copia del diarió, quería saber todo lo que contenía antes de destruirlo, y esa misma noche cuando todos durmieran, era el momento idóneo.


LPD

NAINFITA PEINES Y LA PROFUGA DESDICHADA.

CAP 6.Las calificaciones de un fantasma.


Habían pasado casí un mes, y amaneceía en Bilbao (España). Una chica contemplaba por la ventana como una lechuza se acercaba a su casa y dejaba caer una carta que como la vez pasada, dejaría caer por debajo de la puerta principal. La chica salió corriendo aunque sabía que no sería su carta para Hogwarts. Ella estaba convencida de ser una squib, a diferencia de su hermana, aunque ésta siempre la animaba diciendo que tarde o temprano mostraría su naturaleza mágica, porque sabía que en el fondo, en ella tenía que haber magia.


La chica bajó a toda velocidad las escaleras y cogió la carta, y a la misma velocidad se dirigió al cuarto de su hermana.


-¡Despierta, despierta!-gritaba tras haber entrado sin llamar a la puerta y mientras levantaba las persianas.

-Perre, por el amor de Dios, son las 7 de la mañana, dejame dormir. Por una vez que no estoy en Hogwarts...


La hermana mayor se mordió el labio al notar el silencio: había dicho algo incómodo, justo lo que mas daño le hacía a Perre: Hogwarts y sus ganas de que algun dia Dumbledore cumpliera su sueño al llamarla.


-Cariño, aun tienes 9 años...

-Diez, tengo diez... dentro de unos meses.

-Lo que no deja de ser 9 años-repitió su hermana mayor.

-Ya me estoy haciendo la idea de que nunca cogeremos el tren juntas hacia Hogwarts.

-Claro que si Perre, aun hay esperanza, además, hasta los 11 años nunca se sabe.


Perre comenzó a ordenar las cosas de su hermana en su cuarto y dejó la carta encima de la mesita de noche:


-Si eres Hufflepuff, ¿que haces con la corbata y el escudo de Ravenclaw?

-Es una larga historia, Perre.

-Cuentamela, por fis. Aunque esa poción deberías tirarla a la basura, huele fatal-dijo señalando una poción multijugos.

-Ok, te lo prometo, pero despues que lea mis notas. Por fa, acercame la carta.


Perre se acercó de nuevo a la mesita de noche y obedeció a su hermana. Ésta se incorporo y miro el remitente de la carta mientras se desperezaba:


A la atención de Kalimera,

Calificaciones de sus examenes.

Hogwarts.

Colegio de Magia y Hechicería.


***

-Chris, me siento algo culpable de que pases aqui el verano-contestó Dumbledore mientras se asomaba por su cuarto en Hogwarts, y Lord_Chris mantenía la mirada perdida en el lago.


-No se preocupe, profesor, al fin y al cabo, el que se siente mal soy yo sabiendo que me ayuda manteniendo la ilusión optica de la mansión de mi familia en su apogeo, cuando solo quedan ruinas.


-Chris, han sido varias mansiones las que ha quedado desocupadas según ciertas circunstancias, y son víctimas de injusticias. Los Copbottom, los Burgoson, y muchas más. Pero la ilusión optica aún se mantiene en pie, y no te preocupes, que antes que yo muera, te enseñaré a crearla para seguir manteniendola.


-No sé profesor, quizá ni sirva por aquel entonces. Mas de uno sospechará o sabrá la verdad, no existe la familia perfecta, y las mentiras tarde o temprano salen a la luz.


-No te martirices, Chris-continuó Dumbledore mientras se sentaba en su cama y Lord_Chris seguía manteniendo la mirada perdida en la ventana-. Tu familia se merece eso y mucho mas, todos seguirán creyendo que viven viajando por el mundo y que tu te unes a ellos en vacaciones.


-No sé cuanto tiempo tardará en salir a la luz, no entiendo profesor, por qué decidió seguir haciendo creer a la gente que fueron vencedores y después emprendieron viajes para descubrir mundo, cuando murieron en aquella revuelta y su valentía debe ser recordada y honrada... no sé cómo no me ha permitido acercarme a sus tumbas ni revelarme donde están ubidadas.


-Chris, todo tiene su explicación, pero a veces las preguntas que nos hacemos tardan en ser respondidas. A veces lo que pasa no nos gusta y nos quejamos, pero a largo plazo comprobamos que es lo mejor en estos casos.


-Profesor, soy el fantasma de los Borgon, de los Copbottom... ¿Para qué quiero el título de Lord? Cuando cumpla los 18, ¿quien oficiará la ceremonia? ¿Quién asistirá?


-Tus padres te dejaron bien atendido, dispones de tu fortuna, y eso sufragará todos los gastos que se te presenten.


-El dinero no lo es todo, profesor, preferiría mil veces que ellos estuvieran vivos antes que disponer de las camaras que tengo en el banco de Gringotts.


-Lo sé, Chris-contestó Dumbledore acariciandose la barba mientras notaba que el joven Lord_Amarillo derramaba una lágrima por sus mejillas.


-No se imagina lo que me supone mentir a mis amigos en todo este tiempo, creyendo que mi vida es perfecta, cuando soy un pobre huérfano, hay tantas cosas que ni yo mismo me explico. Mas de uno me dice que me lo tengo creido por mi dinero y mi titulo nobiliario, ¡pobre infeliz! me muerdo la lengua porque trato de dominar ese impulso de contestarle diciendole que ojala tuviera yo su suerte, que no sabe ni de lo que habla.


-Comprendo, Chris, comprendo-contestó resignado Dumbledore-. Pero se espera mucho de ti, eres un joven mago que ha hecho más de lo que se esperaba de él, has soportado magistralmente diversas circunstancias y has sabido dominarte y actuar con lógica.


-Eso se llama frialdad, profesor. Odio los secretos, un secreto es la falta de confianza en un amigo, y sin ésta, la verdadera amistad no existe.


-Por muy amigos que sean dos personas, siempre habrá una pared de por medio que uno no debe traspasar por respeto al otro. Además, todo puede equilibrarse, porque no hay maldad en tus palabras, y la frialdad que tu crees ver en ti, en realidad es precaución. Eres cauto, y saber guardar la compostura, eso te hace admirable, pero por otro lado impentrable e inmune a tus enemigos, que estarán desconcertados y no sabran por qué flanco atacarte.


-Profesor, ¿qué dice de enemigos? ¿Acaso las personas no tienen otra mejor cosa que hacer que ganarse antipatías? Todos tenemos personas con las que no congeniamos, pero de ahi llamaras enemigos es algo muy serio. Es tan solo incompatibilidad de caracteres, son diferentes a nosotros y deciden cerrarse en banda, ser indiferentes o en último caso, hacer daño para hacerse creer a si mismos que llevan la razon.


-Sabias palabras, Chris, pero no se trata de eso-dijo Dumbledore mientras se incorporaba y acercandose a la ventana, apoyaba su mano en el hombro del lord amarillo-. Ya no es cuestion de crearse enemistades, sino enemgos. Ya no es cuestión de incompatibilidad entre dos personas, sino mas bien la presencia de dos ideales que chocan, donde unos y otros lucharan porque el suyo prevalezca.


-No le entiendo, señor-contestó Chris.


-Cada cual defenderá lo que crea justo, lo que pasa es que a veces la razon se ve nublada, aunque mas bien, manipulada por muestras de locura. Y algunos no saben ya distinguir lo que es el bien del mal. Ni sospechan que la locura les domina y están errando. Ahora, Lord_Chris, es el momento de que sepas alguna cosas. Es el momento en que te reafirmes en algo que creías que era solo para proteger a tus amigos renunciando a mezclarte con ellos, y que en realidad obedece a otros motivos: lo que parecía que habia acabado, en realidad solo dormía, pronto la masacre despertará y tu eres uno de los que está en su mano frenarla.


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viernes, 6 de marzo de 2009

LPD

NAINFITA PEINES Y LA PROFUGA DESDICHADA.

CAP 5.Hogwarts se queda vacío... o no tanto


El 1 de junio llegó tan puntual como el Expresso de Hogwarts para recoger a los estudiantes. Las vacaciones acaban de empezar, y todos estaban deseando marcharse, aunque mas bien, casi todos, los Pervers odiaban esa separación, eran una piña y estar tres meses sin verse les apenaba. No obstante, decidieron que ese verano irían a la Doxybeach, un lugar cerca de la playa donde Doxycris tenía una gran casa para alojar a sus amigos pervers. Era la excusa perfecta para reunirse.


Dumbledore estaba preocupado: iba a permitir que Nainfita regresara al orfanato y temía de lo que ella fuera capaz, ahora que tenía magia. No obstante, no le extraño que Camelia Sangronia le comunicara por escrito, y no en persona, que se la llevaría con ella a Neversweet, su ciudad natal. Dumbledore no sabía que era peor de las dos opciones, y acabó dando su consentimiento para proteger a las pobres chicas del orfanato, aunque sabía que si se negaba, aparte de que ésas corrieran peligro, Camelia recurría al ministro de magia y éste sin duda intervendría a su favor. La petición en sí era algo burocratico, cuando quien la solicitaba sabía de sobra la respuesta.


Los Pervers y el resto de alumnos desalojaron Hogwarts y se metieron en el tren. Los Pervers vieron el sitio vacío de Lord_Chris, su lider, y de Kalimera, tristemente desaparecida, las nuevas adquisiciones de ese año: Laura88 y Jenia, intentaron llenar ese vacío que se sentía e hicieron lo posible para romper los silencios incómodos.


Una chica de Ravenclaw cruzaba por el pasillo del tren, tropezando con el carrito de las chucherias, y metiendose varias cucharas en la túnica. La vieja propietaría se quedó extrañada, ya que si su memoria no le fallaba, quien hacia eso siempre era una chica de Hufflepuff y nunca le recriminaba, sino que se lo tomaba con humor.


El tren abandonó Hogwarts acelerando su marcha dejando una larga fila de humo blanco a sus espaldas, mientras Nainfo caminaba todo orgullosa con Camelia Sangronia hacia una limusina. Detrás de ella iban Karkas y Anselmus, mientras que tres elfos domésticos cargaban como podían con el enorme equipaje de los cinco. Nainfita estaba sorprendida: ese verano no iba a regresar al orfanato y la profesora Camelia iba a acogerla personalmente en su casa. Le había prometido enseñarle su ciudad y ya de paso perfeccionar su magia. Aunque soberbia como ninguna, Nainfita ignoraba en realidad los verdaderos motivos de Camelia para llevarsela. Ignoraba todo lo relativo a su pasado, bien conocido por la inquisidora estreñida, que procuraba que quedara bajo llave, por el bien de la chica, ya que aun no era el momento idoneo de hacerla partícipe de una serie de hechos.


La alegría, el júbilo, el ruido por los pasillos de Hogwarts, se esfumó en cuestión de horas. Reinaba el silencio mientras Filch junto a la señora Norris comenzaba a cerrar las puertas y los elfos domesticos comenzaban a limpiar.


Lord_Chris permanecía en su cuarto, acariciando el pico de Arwen, su lechuza. Como todos los años, el Lord_Amarillo no regresaría a la mansión de su familia, permanecería en secreto en Hogwarts, situación de la que ni los Pervers tenían constancia. Lord_Chris tambien tenía un pasado, del que apenas sabía nada, y cuyo guardían no era Camelia, sino el mismo Albus Dumbledore.


****


El sol empezaba a asomarse por la decadente mansión de los Burgonshon, o más bien de una familia en la que se ciñó con sarna la desgracia y cuyos descendientes había muerto de pena, salvo uno. Lucía entornó los ojos y se desperezó mientras los primeros rayos del sol penetraban en sus azules pupilas. Escuchó ruido y rápidamente se escondió. No tenía su varita a mano para defenderse y apenas tenía fuerza para enfrentarse a cualquier desconocido. Escuchaba un silbido que le resultaba familiar, acompañado del sonido de un chirrido que supuso que era producido por las ruedas de un viejo carrito al deslizarse por el suelo. Varias puertas se oyeron cerrarse mientras que el sonido de unas llaves se silenció mientras la señora mayor las depositaba en su bolsillo.


Su corazón palpitaba a toda velocidad, la habían descubierto, vendría a por ella un carcelero, era su fin. No quería regresar a Azkaban de nuevo, ella era inocente y había aguantado demasiado allí. Los minutos pasaban, esa presencia estaba allí, la espera se hacia insoportable, se armó de valor y tomó un candelabro de plata que chocó contra sus grilletes mientras se lamentaba de esa torpeza y agazapada, volvía a esconderse.. hasta que Lucía comprobó que el desconocido era en realidad una vieja señora al penetrar en el mismo cuarto que ella. Timidamente deseó que ni su respiración la delatara, pero fue imposible.


-Señorita Lucía, sabía que tarde o temprano volvería, aunque ha tardado demasiado-dijo la señora mayor, mientras limpiaba el cuarto de espaldas a ella y tomaba un paño del bolsillo de su vestimenta de doncella.


Esa voz le resultaba familiar. Lucía la recordaba, pero ya la había descubierto y era una tontería mantenerse ahi. Se levantó lentamente pero sin soltar el candelabro.


-A su madre, que en paz descanse, no le gustaría que utilizara uno de los objetos de sus antepasados, del que presumía y se sentía orgullosa, como arma para hacer daño a alguien.


Lucía abrió los ojos sorprendida y se dio cuenta que la señora llevaba razón. ¿Como podía saberlo? ¿Quien era esa señora? ¿Por qué no la atacaba en vez de seguir limpiado? ¿Era una estratagema para confundirla y luego atacarla por sorpresa?


La señora mayor se giró y reveló así su rostro. Debía de tener unos cincuenta años ya avanzados, con un recogido en su cabello rojizo y una peca que aun se dejaba notar entre las arrugas de su rostro. ¡Lucía la conocía! ¡Era madame Lopera, la más joven de las sirvientas que trabajaba en su mansión antes del suceso que la obligaría a dejarla para ingresar en Azkaban!


-Señorita Lucía, no tenga miedo, no pienso delatarla. Nunca pensé que fuera una asesina, pero la palabra de una vulgar criada no sirve de nada en los tiempos que corren.


-¿Madame Lopera?-preguntó Lucia a media voz. Hacía tiempo que ni ella misma se había escuchado ni mucho menos dialogar con alguien, imposible en su fría celda de Azkaban.


-Así es, señorita Lucía, pero llameme Ivana-contestó-.


Algo en su interior le decía a Lucía que podía confiar en ella, aunque estaba claro que habían pasado muchos años, y era la única persona de su pasado que parecía serle leal aun sabiendo todo lo que pasó. Una ola de tranquilidad invadió el corazón de Lucía, e hizo inmediatamente algo que ni ella misma recordaba: sonreir.