NAINFITA PEINES Y LA PROFUGA DESDICHADA.
CAP 7.El hallazgo de Karkas.
El verano iba pasando en SppecialKa Ville, la residencia de Camelia Sangronia. Nainfita Peines se sentía genial, estaba aprendiendo hechizos, practicando, y aunque era menor de edad para prácticarlos en zona muggle, Camelia tenía la aprobación del Ministro y no recibiría ninguna penalización. Aparte, Nainfita estaba con dos chicos, los dos prefectos de Hufflepuff: Karkas y Anselmus, y eso le encantaba porque seguía creyendo que los dos estaban perdidamente enamorados de ella. Y logicamente, y viniendo de ella, se hacía lo hacía saber a Chewba K y a Dayana Uve por carta, aunque nunca les escribía "os echo de menos" y obviamente, quería que se murieran de envidia, de ahí que cuando Karkas sugirió a Camelia Sangronia que ellas dos tambien vinieran, Nainfita se negara en rotundo. Al fin y al cabo Nainfita era sincera en sus cartas, nunca pondría que las echa de menos si solo pensaba en sí misma.
Agosto acababa de llegar a SpeccialKa Ville, y Camelia paseaba por sus hermosos jardines (usurpados a unos magos injustamente por el Ministerio de Magia) con Karkas y Anselmus:
-Está haciendo grandes progresos-comentaba Camelia sobre Nainfita.
-¿Pero qué le está enseñando exactamente?-preguntó Karkas.
-Las maldiciones imperdonables, por supuesto-dijo Anselmus mientras Camelia sonreía malévolamente.
-Es solo una niña...
-Pero nunca viene mal estar preparada por si acecha el enemigo-cortó Camelia.
-¿Qué enemigo?-preguntaba curioso Karkas. El pobre prefecto no estaba tanto al día de los planes de Camelia, a diferencia de Anselmus, que era su mano derecha. Logicamente, Camelia decidió incluirlo como complice de sus fechorias porque un aliado mas supone mas ayuda.
-Karkas, ya te explicaré en otro momento todo lo que tienes que saber, pero aún es pronto.
-Anselmus, no te hagas el interesante. Estoy con vosotros, y me fastidia que no me conteis nada, parece que desconfiaras de mi.
-Karkas, en los tiempos que corren uno nunca sabe quien es amigo y quien enemigo-interrumpió Camelia Sangronia en la conversación de los prefectos.
-Pero excelencia, si Nainfita hace maldiciones imperdonables serán detectadas por el Ministerio de Magia y la juzgarán por ello.
Anselmus y Camelia rieron de buena gana ante el desconcierto de Karkas.
-El Ministro nunca dirá nada.
-Pero aun asi es ilegal, no está permitido.
-Karkas, querido, la maldición imperius hace maravillas-rió Camelia.
-Pero pueden mandar la carta... sin que lo sepa el Ministro.
-Karkas, no te preocupes, tengo a alguien que intercepta todas las cartas que salen del Ministerio e incluso a otros que se inventan cosas para perjudicar a quien me conviene. Si una carta fuera a perjudicar a Nainfita, sería totalmente destruida.
Karkas estaba sorprendido del poder de Camelia Sangronia en el Ministerio. Si alguien sacaba eso a la luz iría directamente a Azkaban sin previo juicio.
-Karkas, ¿es que dudas de tu lealtad?-preguntó Camelia como si le leyera el pensamiento.
-No, excelencia, estoy con usted, siempre lo he estado y siempre lo estaré.
-Así me gusta, Karkas, y ahora si no te importa, ve a mi despacho-ordenó dandole un manojo de llaves y sosteniendo una-. Esta es la que abre el primer cajón de mi despacho. Y traeme mi pluma de cuervo, un sobre, un par de folios y el tintero.
Anselmus gruñó de mala gana ante la pereza de Camelia Sangronia.
-¿Aqui es que tambien guarda todo bajo llave?-preguntó Anselmus.
-Nunca se está a salvo de nada, mujer prevenida vale por dos-rió Camelia-. Y tu no me mires así, se me ha muerto el elfo de la casa esta mañana y el resto los tengo en otros quehaceres. Me tocará buscar a otro. ¡Qué criaturas más absurdas y lo utiles que son cuando hacen lo que tienen que hacer!
-Servirle-contestó Anselmus mientras reía con Camelia a carcajada limpia.
Karkas obedeció a Camelia y penetró en la mansión. Esa mansión pertenecía a una honrada familia de magos y a cuya hija le tenía envidia Camelia. Cuando se quedó huerfana tras ordenar matar a sus padres a un sicario, Camelia hizo lo que venía esperando desde hacía tiempo: acusarla de tráfico ilegal de artilugios de artes oscuras. Para ello había colocado dicho material en el sótano, en el que fue descubierto por una inspección y que la pobre chica negaba que nunca los había visto en su vida, quedándose asombrada tanto o mas como los inspectores. La chica fue mandada a Azkaban y Camelia Sangronia no tardó ni un mes en dejar su humilde casa para trasladarse ahi. Nadie sabía que Camelia procedía de una familia humilde, y lógicamente, quien osara a recordar o insinuar sus orígenes no se libraría de recibir su castigo: ya fuera un Avada Kedavra o una condena a Azkaban.
Karkas notó que la mansión estaba impoluta, los pocos elfos que trabajaban alli, lo hacían de sol a sol, y mas que sirvientes, eran propiamente esclavos a las órdenes y caprichos de Camelia Sangronia. De ahi que cuando se marchara de viaje tras asegurarse que todo estaba bajo llave, todos suspiraban aliviados pero podían ralentizar el ritmo de su trabajo, puesto que si llegaba de improviso y veía alguna falta, el castigo del culpable no se podría jamás explicar con palabras.
El prefecto subió las escaleras y tras flanquear una estatua de mármol, abrió la puerta del despacho que no estaba cerrada y se dirigió a la mesa para ejecutar la orden que se le había sido encomendada. Una vez que tuvo todo, a duras penas lo cargó entre sus manos y contempló un cuadro de una mujer bastante fea. Se acercó mas para ver más de cerca el estilo artístico de esa mujer que no era en absoluto Camelia Sangronia, y notó que el cuadro estaba torcido. Dejó todo sobre una silla para colocarlo bien, por si había sido él sin darse cuenta el culpable y para evitar el sermón que Camelia no tardaría en soltarle. Sin embargo, al colocarlo notó que estaba hueco por detrás y tocó a tientas hasta que tuvo en sus manos lo que parecía un libro, aunque comprobó después que era una especie de diario personal.
Diario de Pastora Peines.
Leyó y se dio cuenta de que esa mujer debería ser familiar de Nainfita o quizá su madre. Y su curiosidad le ordenó llevarselo. No obstante fue cauto y pensó en las consecuencias de que Camelia se enterara: él no quería ir a Azkaban, ni morir por un Avada Kedavra, su seguridad estaba en juego, aunque el cargo de prefecto por el que tanto había luchado (por méritos poco honrados, además) no iba a perderlo. Su curiosidad aumentó y decidió deternerse un momento. Agitó su varita y se puso a fotocopiar página a página su contenido y en menos de cinco minutos, tenia encuadernado y fotocopiado el diario. Colocó el original en su sitio, de la misma manera que lo encontró y borró sus huellas con un hechizo. A continuación cogió lo exigido por Camelia y la copia que había elaborado del diario y la dejó en su cuarto debajo del colchón, el cual levantó con un Levicorpus. Ahi estaría escondido y a salvo.
Karkas salió rapidamente a los jardines a reunirse con Camelia y Anselmus, que parecía no haberse percatado de su retraso y se sentaron en una mesa al aire libre. Mientras Camelia tomaba todo sin haber dado un previo "Gracias", Karkas decidió empezar a leer cuanto antes aquella copia del diarió, quería saber todo lo que contenía antes de destruirlo, y esa misma noche cuando todos durmieran, era el momento idóneo.
Agosto acababa de llegar a SpeccialKa Ville, y Camelia paseaba por sus hermosos jardines (usurpados a unos magos injustamente por el Ministerio de Magia) con Karkas y Anselmus:
-Está haciendo grandes progresos-comentaba Camelia sobre Nainfita.
-¿Pero qué le está enseñando exactamente?-preguntó Karkas.
-Las maldiciones imperdonables, por supuesto-dijo Anselmus mientras Camelia sonreía malévolamente.
-Es solo una niña...
-Pero nunca viene mal estar preparada por si acecha el enemigo-cortó Camelia.
-¿Qué enemigo?-preguntaba curioso Karkas. El pobre prefecto no estaba tanto al día de los planes de Camelia, a diferencia de Anselmus, que era su mano derecha. Logicamente, Camelia decidió incluirlo como complice de sus fechorias porque un aliado mas supone mas ayuda.
-Karkas, ya te explicaré en otro momento todo lo que tienes que saber, pero aún es pronto.
-Anselmus, no te hagas el interesante. Estoy con vosotros, y me fastidia que no me conteis nada, parece que desconfiaras de mi.
-Karkas, en los tiempos que corren uno nunca sabe quien es amigo y quien enemigo-interrumpió Camelia Sangronia en la conversación de los prefectos.
-Pero excelencia, si Nainfita hace maldiciones imperdonables serán detectadas por el Ministerio de Magia y la juzgarán por ello.
Anselmus y Camelia rieron de buena gana ante el desconcierto de Karkas.
-El Ministro nunca dirá nada.
-Pero aun asi es ilegal, no está permitido.
-Karkas, querido, la maldición imperius hace maravillas-rió Camelia.
-Pero pueden mandar la carta... sin que lo sepa el Ministro.
-Karkas, no te preocupes, tengo a alguien que intercepta todas las cartas que salen del Ministerio e incluso a otros que se inventan cosas para perjudicar a quien me conviene. Si una carta fuera a perjudicar a Nainfita, sería totalmente destruida.
Karkas estaba sorprendido del poder de Camelia Sangronia en el Ministerio. Si alguien sacaba eso a la luz iría directamente a Azkaban sin previo juicio.
-Karkas, ¿es que dudas de tu lealtad?-preguntó Camelia como si le leyera el pensamiento.
-No, excelencia, estoy con usted, siempre lo he estado y siempre lo estaré.
-Así me gusta, Karkas, y ahora si no te importa, ve a mi despacho-ordenó dandole un manojo de llaves y sosteniendo una-. Esta es la que abre el primer cajón de mi despacho. Y traeme mi pluma de cuervo, un sobre, un par de folios y el tintero.
Anselmus gruñó de mala gana ante la pereza de Camelia Sangronia.
-¿Aqui es que tambien guarda todo bajo llave?-preguntó Anselmus.
-Nunca se está a salvo de nada, mujer prevenida vale por dos-rió Camelia-. Y tu no me mires así, se me ha muerto el elfo de la casa esta mañana y el resto los tengo en otros quehaceres. Me tocará buscar a otro. ¡Qué criaturas más absurdas y lo utiles que son cuando hacen lo que tienen que hacer!
-Servirle-contestó Anselmus mientras reía con Camelia a carcajada limpia.
Karkas obedeció a Camelia y penetró en la mansión. Esa mansión pertenecía a una honrada familia de magos y a cuya hija le tenía envidia Camelia. Cuando se quedó huerfana tras ordenar matar a sus padres a un sicario, Camelia hizo lo que venía esperando desde hacía tiempo: acusarla de tráfico ilegal de artilugios de artes oscuras. Para ello había colocado dicho material en el sótano, en el que fue descubierto por una inspección y que la pobre chica negaba que nunca los había visto en su vida, quedándose asombrada tanto o mas como los inspectores. La chica fue mandada a Azkaban y Camelia Sangronia no tardó ni un mes en dejar su humilde casa para trasladarse ahi. Nadie sabía que Camelia procedía de una familia humilde, y lógicamente, quien osara a recordar o insinuar sus orígenes no se libraría de recibir su castigo: ya fuera un Avada Kedavra o una condena a Azkaban.
Karkas notó que la mansión estaba impoluta, los pocos elfos que trabajaban alli, lo hacían de sol a sol, y mas que sirvientes, eran propiamente esclavos a las órdenes y caprichos de Camelia Sangronia. De ahi que cuando se marchara de viaje tras asegurarse que todo estaba bajo llave, todos suspiraban aliviados pero podían ralentizar el ritmo de su trabajo, puesto que si llegaba de improviso y veía alguna falta, el castigo del culpable no se podría jamás explicar con palabras.
El prefecto subió las escaleras y tras flanquear una estatua de mármol, abrió la puerta del despacho que no estaba cerrada y se dirigió a la mesa para ejecutar la orden que se le había sido encomendada. Una vez que tuvo todo, a duras penas lo cargó entre sus manos y contempló un cuadro de una mujer bastante fea. Se acercó mas para ver más de cerca el estilo artístico de esa mujer que no era en absoluto Camelia Sangronia, y notó que el cuadro estaba torcido. Dejó todo sobre una silla para colocarlo bien, por si había sido él sin darse cuenta el culpable y para evitar el sermón que Camelia no tardaría en soltarle. Sin embargo, al colocarlo notó que estaba hueco por detrás y tocó a tientas hasta que tuvo en sus manos lo que parecía un libro, aunque comprobó después que era una especie de diario personal.Diario de Pastora Peines.
Leyó y se dio cuenta de que esa mujer debería ser familiar de Nainfita o quizá su madre. Y su curiosidad le ordenó llevarselo. No obstante fue cauto y pensó en las consecuencias de que Camelia se enterara: él no quería ir a Azkaban, ni morir por un Avada Kedavra, su seguridad estaba en juego, aunque el cargo de prefecto por el que tanto había luchado (por méritos poco honrados, además) no iba a perderlo. Su curiosidad aumentó y decidió deternerse un momento. Agitó su varita y se puso a fotocopiar página a página su contenido y en menos de cinco minutos, tenia encuadernado y fotocopiado el diario. Colocó el original en su sitio, de la misma manera que lo encontró y borró sus huellas con un hechizo. A continuación cogió lo exigido por Camelia y la copia que había elaborado del diario y la dejó en su cuarto debajo del colchón, el cual levantó con un Levicorpus. Ahi estaría escondido y a salvo.
Karkas salió rapidamente a los jardines a reunirse con Camelia y Anselmus, que parecía no haberse percatado de su retraso y se sentaron en una mesa al aire libre. Mientras Camelia tomaba todo sin haber dado un previo "Gracias", Karkas decidió empezar a leer cuanto antes aquella copia del diarió, quería saber todo lo que contenía antes de destruirlo, y esa misma noche cuando todos durmieran, era el momento idóneo.

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