Trailer(s): LA PRÓFUGA DESDICHADA (Libro III)

lunes, 13 de abril de 2009

LPD

NAINFITA PEINES Y LA PROFUGA DESDICHADA.
CAP 8. La prófuga desdichada.


La huída de Lucía en Azkaban pronto fue descubierta por los carceleros, que pusieron el grito en el cielo. De inmediato ordenaron a los dementores su captura y se les recriminó que ella, una simple bruja sin varita, pudiera evadir el sistema de seguridad y fugarse con éxito. Transcurridas dos horas, el miedo invadió Azkaban y como ordenaba el protocolo, avisaron al primer Ministro, que temeroso de la marcha de la prófuga, reunió en su misma residencia en tiempo record a corresponsales del profeta, quienes recogieron sus declaraciones de inmediato y publicaron una doble entrega el mismo día.

En Sppecialka Ville, la noticia colapsó a Camelia Sangronia. Ésta, reunida con Karkas y Anselmus, miraba de reojo las noticias del Profeta para releer elogios a su persona y los méritos del primer Ministro al que manejaba con la maldición Imperius a su antojo. Sorbió un poco de te que un elfo le había traido a regañadientes debido a que tuvo que cruzarse medio terreno de la propiedad para satisfacer a su ama.

-¿Qué extraño? ¿Otra periódico? Este elfo es tonto o los distribuidores han debido equivocarse. Ya me encargaré personalmente de ajustarle las cuentas.

-No, mi señora-dijo Anselmus comparando los dos periódicos-. Es la segunda entrega, los dos ponen la fecha de hoy pero éste último está recien salido.

-¿Qué extraño? No puede ser, déjame ver-ordenó Camelia-. El profeta solo aparecería dos veces con algun exclusiva o noticia de alta relevancia en el mundo mágico.

De inmediato su pulso le tembló, y eso se tradujo al temblor de la taza de te en el plato y el vibro de la cuchara. No duró mucho ese sonido, se interrumpió cuando el nerviosismo, ese al que nunca Karkas y Alsemus habían sido espectadores, conllevó que Camelia soltara la taza y ésta se estrella contra el suelo rompiendose en mil pezados. Totalmente petrificada de miedo, la gran Camelia Sangronia, yacía inmovil repitiendo contínuamente las palabras:

-No puede ser, tiene que ser un error, no puede ser, tiene que ser un error, no puede ser, tiene que ser un error...

Karkas recogió el periódico, que también había caido al suelo, algo manchado del te derramado y leyó:

EXTRA:
Lucía Burgonshon se ha fugado de Azkaban.

La asesina en serie consiguió burlar la gran seguridad de la que dispone la prisión. Se ruega que no cunda el pánico y que guarden precaución. Tras su cara angelical se esconde una psicópata. El primer ministro ha comunicado la noticia al primer ministro muggle y los dementores han doblado el turno para dar con ella cuanto antes...

Camelia Sangronia se sentó en su cómoda con la ayuda de Anselmus, que se preocupaba demasiado al notarla asustada, nerviosa, con la fortaleza y coraje que la había caracterizado.
-Ya está aqui, Lucía está aquí, está aquí, está aquí, viene a por mi, viene a por mi, viene a por mi.

-¿Cómo dice, señora?-preguntó Anselmus intrigado-. ¿Conocía usted a esa delincuente?
Camelia le miró durante unos segundos y no dijo nada.

-Señora, mejor le traigo una infusión para que se relaje-sugirió Anselmus, sin embargo Camelia le agarró de la muñeca.
-No me dejes sola, por favor, no te vayas.

Anselmus y Karkas se miraron patidifusos, confundidos, no creyendose ni por asomo lo que estaban contemplando.
-Karkas, ve a por una valeriana, yo me quedo con ella.

Karkas obedeció y abandonó la habitación mientras la respiración de Camelia Sangronia se aceleraba por momentos y el corazón casi se le salía del pecho:

-Ya está aqui, y viene a por mi-repetía continuamente.
-Pero, ¿por qué? ¿que quiere de usted?

Camelia no dijo nada, le agarró de nuevo de la muñeca y sentenció:
-Mi existencia, viene a... viene a... matarme.


***

En Hogwarts, la doble entrega de la edición del profeta no tardó en llegar. Minerva Mcgonagall había recogido los dos ejemplares de su lechuza y se dirigía al despacho de Dumbledore, que también dispondría de ellos y con el que solía discutir y opinar sobre las noticias de actualidad, aunque ambos sabían que El Profeta muchas veces ocultaba la verdad y disfrazaba los hechos a conveniencia del ministro.

A diferencia de McGonagalla, Dumbledore ya había leído la noticia y no paraba de pasear cabizbajo de un lado a otro en su despacho.

-Profesor Dumbledore, Albus-rectificó-. ¿Qué sucede?

Dumbledore dirigió su mirada dirección hacia el periódico indicando el motivo de su preocupación. Minerva dejó sus periódicos encima de un mueble antiguo y avanzó hacia la mesa donde reposaban los de Dumbledore. Atrapó en sus manos el de última hora y mientras leía su curiosidad se transformó en nerviosismo.

-Lord_Chris Borgon, Dumbledore, Lord_Chris.
-Lo sé Minerva, no debe enterarse de la noticia...
-Pero no podemos impedir que no la conozca, tarde o temprano alguién se lo contará...
-A no ser que lancemos un hechizo desmemorizador a los alumnos cuando comiencen el nuevo curso y logre borrar ese recuerdo de sus cabezas...
-Albus, eso está penado por la ley, y es peligroso...
-Minerva, conozco las leyes, yo mismo he redactado algunas, ¿qué te da mas miedo, el que sea sorprendido y encarcelado o el que pueda dañar las mentes de esas criaturas?

Minerva calló y vaciló un momento.
-Albus, sé que no nadie se percatará y sé que no fallarás en tu cometido.
-Gracias por tu confianza, Minerva, y ahora, destruye todos los ejemplares del Profeta que haya en Hogwarts mientras yo le comento al guardabosques que cierre con llave la lechucería.

Mcgonagall le miró extrañada.
-No sugerirás que encerremos al pequeño Chris bajo llave en su habitación, solo conseguiríamos empeorar las cosas.
-Está bien, Albus-sentenció la profesora, dando un portazo.

Dumbledore apoyó sus nudillos en la ventana y divisó el gran lago.
-No contaba en absoluto con este pequeño imprevisto, Fawkes-comentó a su hermoso fénix-. Este acontecimiento de última hora puede perjudicarnos más que todo lo que espera por acontecer.

Fawkes oprimió sus garras en el soporte donde se posaba y aleteo un poco como si tambien se mostrara inquieto a la noticia o si comprendiera lo que eso significaba.

-Si, Fawkes, la desdichada Lucía es una prófuga, la prófuga desdichada.





**
En esos mismos momentos, en la decadente mansión de los Burgonson, una lechuza aterrizaba sobre la acera de la calle con los dos ejemplares. Madame Lopera le entregó unas semillas, colocandolas en su mano mientras la lechuza agradecida ululava agradecida. La doncella sonrió y tras agacharse a recoger los periódicos, sus ojos se abrieron de par en par. Su señora había sido descubierta y ahora mas que nunca, ella debía protegerla y ser cauta, cualquier error o descuido, podría poner sobreaviso a las autoridades y Lucía regresaría a su celda, y ella misma ingresaría por cómplice y oponerse a la justicia al violar la obligación del ciudadano a entregar a prófugos en vez de encubrirlos.

Madame Lopera decidió no comentar la noticia por el momento, no quería asustar a Lucía. Pero ella misma, era consciente de que nunca traicionaría a su señora, y por muy poco de vida que le quedaba, estaba dispuesta a correr el riesgo de ir a Azkaban si fuera necesario solo por ver sonreir y feliz, pero sobre todo, a Lucía, su pequeña niña, a la que había criado desde la cuna y a la que adoraba como si fuera su propia hija.

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