NAINFITA PEINES Y LA PROFUGA DESDICHADA.
CAP 12.Ninguno vivirá mientras el otro sobreviva.
Los primeros rayos de sol empezaban a colarse por las ventanas de la decadente mansión de los Burgonshon. Lucía ya no era era prófuga de Azkaban, su lamentable estado de desnutrición y su horrenda imagen jamás haría pensar que en el pasado fue una dama, una bruja de buena familia francesa.
Madame Lopera había conseguido quitar de sus malogradas muñecas esos grilletes que le recordaban en pesadillas su estancia en Azkaban, por un delito que no cometió pero sí por otro que estaría dispuesta a lograr aunque significara volver allí. Madame Lopera había arreglado su cuarto para que Lucía pudiera alojarse con toda serie de comodidades y pudiera vivir.
Madame Lopera había conseguido quitar de sus malogradas muñecas esos grilletes que le recordaban en pesadillas su estancia en Azkaban, por un delito que no cometió pero sí por otro que estaría dispuesta a lograr aunque significara volver allí. Madame Lopera había arreglado su cuarto para que Lucía pudiera alojarse con toda serie de comodidades y pudiera vivir.
El día que la descubrió se dió un baño de agua caliente con espuma, y deseó no salir de ahi en días. ¡Cuanto echaba de menos aquello! Echaba de menos ese pasado que le arrebataron y mientras Madame Lopera intentaba desenredarle su pelo, Lucía no pudo evitar llorar, no se sabía si de impotencia ante la injustia a la que había sido sometido, si por el añoro a sus años de gloria rodeada de sus familia, o quiza por la fidelidad aún intacta de madame Lopera.Una vez que Madame Lopera consiguió asearla, Lucía se miró al espejo y se reconoció. Los años habían pasado, y su rostro mostraba ya las primeras arrugas, en una mujer que había pasado la frontera de los 30.
-Esa soy yo-repitió con miedo varias veces.
-Si, señorita Lucía, es usted...
-Aunque el reflejo ha cambiado-dijo apartándose de él.
Madame Lopera bajó la cabeza sin saber que responder, sabía que nada de lo que dijera conseguiría animar a su señora.
-Isi-ordenó a madame Lopera, llamandola por su nombre de pila.
-Digame, señorita Lucía.
-¿Qué ha pasado en todo este tiempo? Dímelo por favor-pidió casi arrojandose de rodillas a ella.
-Sus padres ya no están...
-Lo sé, Isi, están muertos. Sino, estarían en esta mansión y todo esto seguiría igual-contestó sacando fuerzas y paseandose por el salón-. Me refiero a, ¿muerte natural o asesinados?
-Su padre desapareció, defendió su inocencia hasta el final, pero no supimos de él, no obstante nadie lo encontró muerto, se lo tragó la tierra...
-¿Y mama?
-Su madre, pues su madre...
-Digalo de una vez, Isi, necesito saberlo...
-Su madre, su madre se resistía a perder la esperanza y esperó a su padre, y a que el Ministerio de Magia diera su brazo a torcer liberandola, pero cuando asimiló que su padre nunca regresaría y que usted estaría de por vida en Azkaban, puso fin a su vida...
-¿Se suicidó?-preguntó Lucia, arrodillandose, dado a que no podía soportar el peso de la verdad. Madame Lopera se emocionó y derramó unas lagrimas. Acto seguido se inclinó hacia su señora y la abrazo sin apenas tener la fuerza necesaria para afirmar la pregunta de Lucía.
-Mi madre, una luchadora infatigable, una valiente, derrotada-repitió Lucía varias veces con mirada perdida.
-¿Y Abel, Isi? ¿Qué es de él? ¿Sigue con esa "mala bruja"?
-No sé que ha sido de él-mintió Isi.
-Aunque hayan pasado muchos años, Isi, sé cuando me mientes u ocultas algo. Confiesalo.
Madame Lopera se resistió a contestar pero ante la mirada de desesperación de su señora, acabó confesando.
-No se sabe a ciencia cierta, pero algunos dicen que se suicidó cuando supo la verdad, cuando supo...
-que era victima de un filtro de amor, Isi.
Madame Lopera asintió.
-Nunca dejó de quererme, pero por lo que parece la magia en ocasiones puede ser un arma de doble filo y conseguir reprimir sentimientos, enloquecer y manipular a personas, por muy buena que sea, no tiene derecho a mandar sobre los sentimientos de alguien, el amor es libre, debería ser inalcanzable incluso para la magia.
-Eso significa que Camelia murió.
Madame Lopera volvió a callar e Isi malhumorada le gritó una explicación. Acto seguido, se recompuso y pidió disculpas a su doncella.
-Isi, necesito saberlo todo, ¿no lo entiendes? Es como si en todo este tiempo hubiera estado aislada del mundo real. Necesito respuestas, y no puedo confiar en nadie, ya hice mal cuando lo hice en Camelia, y ahora solo te tengo a ti. Tú, Isi, eres mi vinculo con el mundo exterior, solo tu puedes darme lo que necesito. Cuentame, te lo ruego, te lo suplico...
Madame Lopera levantó a su señora y la tumbó en el sofa mientras acariciaba sus cabellos en su regazo, como solía hacer cuando estaba nerviosa e inquieta siendo una niña.
-Camelia sigue viva, es la mano derecha del Ministro de Magia.
-¿Como? Sabía que saldría impune, pero jamas creí que se quedara aqui y estuviera en un lugar como ese. ¿Cómo se atreve a no esconderse como las ratas siendo tan miserable como es? El Ministerio está corrupto, las cosas son casi increibles de creer.
-Pero ahi está, ahora es respetada y distinguida en la sociedad.
-¡Quien lo diría de ella, con lo cobarde y mosquita muerta que era! Aunque ya me clavó la puñalada cuando me traicionó, en ese momento descubrí quien era en realidad, conseguí quitarle la mascara, pero ya era tarde. Entonces Isi, si el filtro no lo hizo Camelia, tuvo que ser Cecilia y si Abel despertó de ese hechizo, ella tuvo que morir...
-Asi es, señorita Lucía. Cecilia murió-corraboró Madame Lopera.
-¿Quién la mató? ¿A quién le debo ese regalo? ¿Con quien estoy en deuda?
-Nadie la mató, señorita, ella murió...
-¿Como murió? Dime que fue una muerte cruel, despiadada, que sufrió...
-Señorita, no se deje llevar por la ira, no envenene su alma de rencor.
-¿Como murió, Isi? ¿Cómo?
-Al dar a luz-contestó Madame Lopera.
-Un hijo... de Cecilia y Abel... dime que es una broma, no puede ser cierto, Isi, no puede serlo-replicó agarrando las vestiduras de la doncella y llorando de impotencia y rabia-. La muy desgraciada consiguió tener un hijo de Abel, es injusto, no puede ser cierto, consiguió tener algo vivo de él, algo que yo nunca podré tener de él.
-Una niña, señorita Lucía, una niña.
-Squib, tiene que ser squib, por el amor de dios, no puede ser bruja...-rogó Lucía en voz alta como si alguién mas hubiera estuviera en esa sala y la escuchara, pero al ver que madame Lopera no contestaba, se dio por contestada-. Una bruja.
Madame Lopera asintió.
-Santo Dios, ¿como puede permitir semejante ultraje? No lo entiendo Isi, no lo entiendo.
-Por su edad, este debe ser su primer año...
-al igual que el pequeño Borgon-dedujo Lucía-.
-Si, señorita Lucía, como el pequeño Chris-confirmó Madame Lopera.
-¿Y como Kalliope permite semejante ultraje?
Madame Lopera calló, cada vez que ella lo hacía, Lucia obtenía la respuesta que tanto temía.
-Kalliope jamás lo permitiría y Alexvic tampoco. Isi, ellos...
-fueron torturados hasta morir, aunque Dumbledore hizo creer a todos que siguen vivos y viajan por el mundo continuamente.
-Pobre criaturita, solo en este mundo y no poder confesarlo a nadie. ¿Quien se hizo cargo del pequeño Chris en todo este tiempo?

-Yo, señorita Lucía, yo lo cuidé hasta que ingresó en Hogwarts. Dumbledore me lo confió y apuesto a que los Borgon hubieran estado de acuerdo aunque no pudiera hacerlo la mitad de bien que ellos lo harían.
-Pero lo hiciste, fuiste una madre para él, ¿sabe todo?
-No me atreví a contarlo, además, Dumbledore me hizo prometerle lo que podría decirle y lo que no cuando creciera y pidiera respuestas. Él me aseguró que se encargaría de hacerlo...
-Dumbledore no es nadie, no es de la familia, ¿donde estaba él cuando me encarcelaron? ¿que hizo cuando me apresaron injustamente por algo que no cometí? ¿donde estaba? Se cruzó de brazos y haciendo gala de su prudencia, no hizo nada. Dumbledore no es nadie, Isi, nadie. Y yo, Isi, yo....
-eres su madrina-sentenció Madame Lopera terminando la frase.
Un silencio inmenso reinó en la sala, y tanto Lucía como Madame Lopera no sabía qué decir.
-No lo soy, nunca llegué a casarme con Abel. Kalliope entró en colera cuando su primo me abandonó por Cecilia, pero no pudo hacer nada. La hija de Cecilia y Abel, hija de una Arroz y un muggle, ya que el destino me hizo desdichada, ¿tanto le hubiese costado que fuera squib? Me lo debía
-Señorita, no tengo respuesta para eso...
-El pequeño Chris es mi ahijado, está solo, necesita respuestas, me necestita... apuesto a que Camelia está cerca de la hija de Cecilia, preparandola para lo que se avecina. Dumbledore por supuesto, hará gala de su mutismo.
-¿Qué se avecina, señorita Lucía? Me esta asustando-contestó con un hilo de voz Madame Lopera.
-La profecia, esa profecia que solo Camelia y yo supimos, esa profecia por la que murió un mago a manos de Camelia y cuya fechoria fue cargada a mis espaldas cuando me encontraron reanimandolo.
-¿Qué dice esa profecia? No tengo conocimiento de ello-pidió Madame Lopera.
-La primera de ellas, la muerte de un inocente en Hogwarts a manos de una arroz.
-Hubo una muerte si, una niña, pero fue un trágico accidente...
-Eso harían creer, pero sería asesinato. Poco a poco se irán cumpliendo.
-¿Y que tiene que ver la muerte de esa inocente en todo esto, señorita Lucía?
-El heredero de una arroz teñirá el colegio de Hogwarts con la sangre de un inocente, y dara a conocer el resurgimiento de las arroz, señal esperada por sus alidos para apoyarla en la guerra que se inició y debe terminarse. Señal por la cual, un Perver que haya visto la muerte de cerca y no haya caido en sus redes tomará conciencia de que será el encargado de frenarle los pasos. Ninguno vivirá mientras el otro sobreviva.
-¿Como dice, señorita Lucía?
-La hija de Cecilia y Abel no vivirá mientras el pequeño Borgon viva. El pequeño Borgon no vivirá mientras la hija de Cecilia y Abel viva.
-¿Eso significa acaso que han de morir los dos?
Lucía calló sin saber que decir. Demasiadas cosas, demasiados significados, demasiados sentimientos. Madame Lopera no sabía si aceptar ese silencio como la respuesta que tanto temía escuchar.
FIN DEL LIBRO III.
CONTINUA EN LIBRO IV.
EL RITUAL PROHIBIDO
CONTINUA EN LIBRO IV.
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