Trailer(s): LA PRÓFUGA DESDICHADA (Libro III)

lunes, 13 de abril de 2009

LPD

NAINFITA PEINES Y LA PROFUGA DESDICHADA.

CAP 11. La segunda generación.


El reloj de Hogwarts daba las 3 campanadas de la madrugada y Lord_Chris sigilosamente se dirigió a los jardines de Hogwarts. Creía haber sido precavido, pero nadie lo era lo sufientemente capaz para engañar al mismo Albus Dumbledore.

-Chris, ¿no puedes dormir?-dijo mientras este se giraba tras contemplar sentado la luna que se reflejaba en el lago.
-¿Y quien podría conseguirlo viendolo que se nos avecina? Los nervios, puede que el miedo, puede incluso la cobardía, sean los culpables de mi insomnio.
-Una guerra en la que tu no has solicitado participar-contestó Dumbledore apoyando su mano en el hombre del joven lord tras dirigirse lentamente hacia él.
-¿Como algo tan serio puede estar en mis manos, profesor? Solo soy un niño. Es una responsabilidad muy grande, propia de un adulto.
-Y si me permites, incluso cualquier adulto no podría hacerle frente. El destino es tan caprichoso que deja todo escrito a su voluntad y omite decir los motivos, y esas respuestas solo las encontrarás conforme pase el tiempo y él se digne a confesar algunos de sus porqués.

-¿Como una guerra puede comenzar, apaciguarse y resurgir? Las guerras son cosas estúpidas que empiezan y acaban, no son eternas.
-Salvo por la tregua, aunque no es una tregua acordada por ambas partes implicadas, sino por el destino...
-Estoy ya harto de que el dichoso destino me importune tanto, ¿es que no puede ocuparse de darle la lata a otro que no sea yo?
-Creeme Chris que tu solo eres un hilo del los muchos titeres que maneja, es asi de poderoso y cuanto antes lo asumas, será mejor para ti.

-¿Y que es esa tregua acordada por el destino, profesor?
-Hace años empezó esa guerra, una estúpida guerra como lo son todas, donde hubo bajas...
-Digalo-ordenó Lord_Chris-. Muertes, porque sea una niño no quiere decir que no sepa que es siempre lo que sucede.

Dumbledore suspiró y le miró a los ojos:
-Los dos bandos eran poderosos a su manera, su igualdad en la batalla no permitió que uno saliera vencedor y por consiguiente, otro perdedor. No siempre todos ganan ni pierden, el empate puede manifestarse por una tregua y una paz firmada, pero también porque uno y otro bando sepan que si atacan perderán y para perder una guerra, y con ello no quiero decir batalla, decidan detenerse.

-¿Y que me quiere decir con eso, profesor?-preguntó Lord_Chris intrigado.
-Que el tiempo pasa, pero no tiene suficiente poder para limpiar lo que el destino tiene previsto, aunque haya decidido jugar con otro juguete. Todo lo pasado resurge en el presente y en el futuro.
-No le entiendo profesor, no sé a donde quiere llegar.
-Los dos bandos ni abandonaron su guerra ni se aceptaron ganadores ni perdedores. La primera generación de esos bandos tuvo su tiempo, su oportunidad, hicieron lo que tenían que hacer...
-o el destino tenía previsto para ellos-interrumpió Lord_Chris.
-exacto, y ahora la segunda generación, donde tu eres una parte...
-y Nainfita Peines la otra-sentenció Chris mientras Dumbledore abrió la boca incapaz de responder, quiza por prudencia y no ir más allá de lo que había decidido en cuanto a la información que le brindaría a Lord_Chris o más bien porque Lord_Chris no era tan niño como creía.

-Profesor, creía que la guerra entre los Pervers y las Arroz eran cosas de adolescentes, tonterías de bandos, de dos grupos que chocaban por tomar protagonismo en una clase. Sé que las arroz y los pervers existieron antes que yo o Nainfita llegara aqui.

Dumbledore se frotó las manos, y se las ocultó a las espaldas, paseando cabizbajo.

-¿Que sabe que no quiere contarme? ¿Qué oculta? La guerra entre Pervers y Arroz deja de ser un enfrentamiento idiota entre bandas cuando hay victimas de por medio, ahora sé que Bridget no fue la primera victima, al menos como usted dice, "bridget es la primera víctima de la segunda generación". Ella era la señal, ¿verdad?

-¿Señal?
-Si profesor, el triangulo de Marte, Pluton y Mercurio es la segunda señal. Desconozco la tercera, y apuesto a que usted la sabe.

-¿En qué te basas para interpretar dichos acontecimientos como señales?-preguntó Dumbledore.
-Son señales de conflicto, de lucha, son malos augurios.
-Trelawney os ha metido mas miedo del de costumbre...
-No fue Trelawney, no es adivinación, recuerde que soy alumno de primero, fue Astronomía.
-Y con muy buenas notas, por cierto-dijo Dumbledore intentado evadir el tema.

-No estamos hablando de eso profesor. En toda historia, siempre hay profecias, señales. La realidad supera a veces la ficción. Apuesto a que usted es de "mi bando" y me aconseja y me guía, de la misma manera que Camelia Sangronia lo hace con el contrario, o sea, con Nainfita Peines.

-¿Estas seguro de lo que dices? ¿Te estas escuchando?

-Usted siempre lucha por llegar a la raiz del problema y erradicarla, en defensa de la verdad. Murió Bridget y no hizo nada...

-¿Acaso crees que ante una muerte me quedaría de brazos cruzados?-replicó Dumbledore enfadado.

-Sería capaz de poner en juego una muerte si asegura la vida de miles de personas, profesor. Si lo permitió fue por eso.

-Creo que mejor será que regrese a mi despacho y tu hagas lo mismo pero en tu cama.

-Espere, profesor-pidió Lord_Chris sujetandole del brazo-. Agradezco su implicación y su protección, aunque no me diga todo, entiendo que es porque quiere que madure antes de la cuenta para estar preparado para lo que se avecina, dado que si no estoy preparado, la derrota será segura. No ha permitido que Camelia le de mas ventaja a Nainfita, y por eso está usted conmigo.

Dumbledore le miró a los ojos intentando pronunciar algo pero no fue capaz:

-Y le digo que estoy preparado, estoy listo, sientase comodo y orgulloso de que su labor está dando su frutos, pero le pido que se quede a mi lado, digame lo que crea que merezco saber cuando usted lo vea conveniente, pero no se vaya.

-Y asi es, y así será Chris, veo que en estos meses en soledad, has reflexionado mucho...

-Y me he acercado a la verdad mas que lo que usted presuponía...

-He de admitirlo, Chris, te infravaloré-confesó Dumbledore mientras Lord_Chris sonreía-, pero la soberbía no es un buen aliado en esta guerra-contestó soltando la mano de su brazo mientras Chris fruncía el ceño extrañado-. No te regodees del mal del enemigo, porque el tuyo está en camino. No te duermas en victorias de batallas, porque son efimeras y no implica tu victoria sea en la guerra decisiva.

-Profesor, lo siento...

-No te preocupes por esto, sé que sabrás llevarlo y aprender de ello. Ahora piensa que Nainfita y tus amigos dentro de una semana estarán aqui, y tu regresas de Australia con tus padres.

Dumbledore y Lord Chris se miraron durante un minuto de silencio, dado a que los padres del Lord Amarillo estaban muertos.

-Ya me entiendes Chris, sabes por qué te lo digo.
-Lo sé, profesor-contestó Lord_Chris mientras se disponia a seguirle.
-No, estate aqui un rato mas, aclara tus ideas y luego regresa-ordenó Dumbledore haciendo un ademán con la mano, mientras Lord_Chris asentía.

Mientras Dumbledore se alejaba hacia al castillo, Chris volvió a sentarse.

-Por cierto, Chris...
-Digame, señor-contestó volteando la cabeza.
-No sé a que espera la señorita Kalimera a enviarle mensaje en su lechuza, espero que no sea como la del señor Maturana, que prefiere beber eso que llamais Kalimotxo en vez de semillas o agua y no llega al lugar de destino que se le manda.

-Tranquilo, profesor, la lechuza de Kali es toda una experta en viajes....-contestó ord_Chris sonriendo.
-Y en discreción espero-sentenció Dumbledore.

Lord_Chris se quedó solo en silencio, mientras escuchaba ruidos del Bosque Prohibido que tantas veces oyó repetir a Dumbledore la entrada prohibida en él. Los Pervers volverían a Hogwarts y eso le llenaba de satisfacción, los había echado de menos en todo ese tiempo, y aunque era consciente de que mantendría su postura de no mezclarse con ellos, ya fuera por seguridad o por los planes que poco a poco intentaba desplegar en su cabeza. Pero al menos, verles le reconfortaría por dentro, su presencia ya de por sí significaban los ánimos, la fuerza, el coraje suficientes para poder con todo, con todo eso a lo que estaba destinado.

Por una parte le carcomía por dentro callarse esas tantas cosas que se moría por desvelarles, otorgarles esas explicaciones que se merecían, por su amistad, por su confianza, por su lealtad. Pero por otra, sabía que cuanta menos gente estuviera implicada en la guerra, menos muertes habría, menos implicados, significaba menos bajas. Nunca se perdonaría la muerte de sus amigos en una guerra en la que ellos entrarían sin duda alguna por ayudarle, en una guerra que solo le pertenecía a él y no a ellos, en una guerra donde mantenerlos a salvo y vivos era la mejor opción para poder enfrentarse a lo que ese caprichoso destino tenía previsto y dar lo mejor de sí, porque sin ellos, esa pérdida sería mas cruel que la propia derrota.

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